martes, 19 de septiembre de 2006

Koi Kaze

Una de las cosas que más me gusta del anime, y de coleccionarlo compulsivamente en forma de fansubs que en su mayoría no llegaré a ver en la vida, es que de vez en cuando te llevas alguna que otra grata sorpresa.

Un día te pones a ver una serie por el simple hecho de que estaba grabada en el mismo DVD que esa otra serie que querías ver… y resulta que esa serie olvidada y/o desconocida te sorprende, te cautiva, y te gusta más que aquella otra que en principio te morías de ganas por ver.

Y eso es lo que me ha pasado más o menos con Koi Kaze, sumándole el hecho de que es una de esas series que me gustan por tener una temática totalmente fuera de lo común.

Y es que si sueltas el argumento de sopetón, es la bomba. Básicamente: Koshiro, un tipo rondando los 30 que está pasando por un momento de bajón emocional, conoce a una colegiala quinceañera de la que se enamora, para descubrir que dicha colegiala es nada más y nada menos que su hermana pequeña, doce años menor, y a la que hacía más de 10 años que no veía.


Ahí es nada. Incesto y pederastia, todo por el precio de uno. Empieza fuerte, ¿eh?

Usualmente ese podría ser el argumento para algún temible culebrón venezolano o algún ridículo bodriete cómico en plan Onegai Twins, pero por suerte nada más lejos de la realidad.

Me ha gustado mucho como se lleva la historia. Una historia de “amor prohibido”, tratada de una manera completamente seria y llena de sensibilidad. Pero también sin escatimar detalles escabrosos, como el deseo sexual de Koshiro por su hermana y la culpabilidad y remordimientos que eso le crea. La constante lucha interna que sufre entre sus sentimientos y lo que considera “correcto”, su responsabilidad como hermano.


Personalmente, no creo que se pueda considerar que la serie justifique o aliente una relación incestuosa, pero desde luego si que plantea colocarte en una situación conflictiva. Te muestra lo que hay, y te pone en el brete de ver si te ves con derecho, si eres capaz, de juzgar a los protagonistas por buscar su felicidad, en contra de algunas de las más establecidas reglas sociales. Todo un dilema que, al menos a mi, se me ha planteado muy seriamente.

Quizá no sea un argumento extraño en el mundo del manganime (posiblemente se cuenten a cientos los dojinshis y videojuegos con esa temática) y Japón (a veces parecen un poco obsesionados con eso), pero también seguramente Japón sea el único sitio donde son capaces de hacer una serie de animación así y de esta manera.


Por lo demás, la serie no destaca en ninguno de sus aspectos técnicos, con una animación de segunda fila y una banda sonora que pasa desapercibida. Pero con una buena historia, bien llevada, ¿a quién le importa?

Para terminar, si lo tuyo son las series shonen puro en plan Naruto y cosas así, huye de ella como la peste. Si te gustan los dramas con buenas historias, en plan Kimi ga nozumo eien, no deberías perdértela.

3 comentarios:

Luen dijo...

El hecho que digas que Onegai Twins es un bodrio me ha convencido para darle una oportunidad a esta versión incestuosa de Lolita.

Kimi ga nozomu eien me gustó mucho.
Abajo Naruto!

:D

Anónimo dijo...

No se que edad tenga amigo(a) pero esas relaciones se dan de hecho se dio hace muy poco en Alemania,y te dire muy similar a la historia del anime.
Al final y me refiero finalmente quienes somos para juzgar una relacion de 2 personas que se aman,aun cuando estas sean hermanos,nos molestara pero al final es desicion de solo 2 y nada mas...

Bajabundo dijo...

Bueno acabo de ver la serie y en lo personal me pareció una buena historia que te atrae desde el primer capítulo, un trama muy interesante y lo más importante total mente real, esto no quiere decir que sea verídico sino que realmente puede pasar o ya pasado; consentimiento, consecuencia y trastornos que te envuelve, bástate fuerte y perturbadora para otros, no sobresale en nada fuera de su trama pero aun así es recomendable, si la catalogaríamos como por ejemplo Death Note es totalmente de razonamiento, Onegai Twins ficción esta serie es de reflexión, ya que trata de donde estamos dispuestos a llegar por la felicidad propia.